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¡Viva el teatro infantil!

«Es una ventana mágica por la que asomarse a mundos desconocidos, donde la imaginación de los niños se encuentra con la realidad para crear experiencias inolvidables»

Antonio Illán

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El teatro infantil es una herramienta educativa y de entretenimiento fundamental en el desarrollo de los niños. No todo es pantalla y pantallitas. No todo es agilidad para mover los dedos sobre un teclado diminuto. No todo es divertirse en soledad. No todo es crear la persona introvertida, inexpresiva y poco comunicativa que nuestra avanzada sociedad va propiciando. Por eso es tan importante que los niños asistan a espectáculos teatrales bien hechos y atrayentes. El teatro en todas sus variedades, desde lo más circense a lo más narrativo, no solo proporciona diversión y alegría, sino que también ofrece valiosas lecciones de vida y fomenta la creatividad y la imaginación. A través de historias y personajes cautivadores, el teatro pone ante los ojos expectantes de los niños la empatía, las emociones y la complejidad del comportamiento humano. El teatro infantil es una ventana mágica por la que asomarse a mundos desconocidos, donde la imaginación de los niños se encuentra con la realidad para crear experiencias inolvidables. Es un espacio donde la educación y el entretenimiento se entrelazan, permitiendo a los niños aprender mientras se divierten.

Las compañías de teatro dedicadas al público más joven suelen ser conscientes de la importancia de su trabajo. Por ello, invierten tiempo y esfuerzo en crear producciones de alta calidad que sean visualmente atractivas y que contengan mensajes apropiados para la infancia. La estética de estas obras está cuidadosamente diseñada para captar la atención de los niños y mantenerlos atentos al espectáculo que se ofrece.

Un ejemplo es la última propuesta, para público infantil, programada por el patronato del Teatro de Rojas de Toledo. «Sopla!» de la compañía Truca Circus, en coproducción con Infoncundibles y Lanördika, con la dirección de Greta García y Daniel Foncubierta. Se trata de un espectáculo sin texto, con música grabada y en directo, que cabalga sobre un ritmo trepidante, en el que una gran variedad de técnicas de circo se mezcla con la música y el humor sin palabras más fresco. «Sopla!» es un espectáculo coral que sitúa a los personajes la mayor parte del tiempo en escena, que entretiene, divierte y asombra, al que no se muestra indiferente el público infantil, el que va de los cuatro años en adelante. La verdad es que es un «Circo del sol», en pequeño, un espectáculo que cuenta con un extraordinario despliegue de recursos escénicos y técnicas circenses: música en directo, coreografías, bicicleta acrobática, multicuerdas aéreas, pelotas de rebote, diábolo, antipodismo, contorsión, portes, acrobáticos, equilibrios, manipulaciones…, un verdadero placer para los niños y sus familias, que llenaban el Teatro de Rojas.

Hay que acompañar a los niños y niñas al teatro, lo mismo que hay que leer con ellos. El teatro infantil es una excelente manera de ir introduciéndolos en temas culturales y sociales más amplios. A través de la representación de diferentes culturas, de la narración de diversas historias y del reflejo de la vida desde distintas perspectivas, los niños interiorizan fácilmente conceptos sobre la diversidad y la inclusión, la solidaridad, la amistad…, es decir, los valores de una sociedad sana, de una manera accesible y comprensible para ellos. A través del teatro los niños aprenden sobre: Empatía: Al identificarse con los personajes, los niños desarrollan la capacidad de comprender y compartir los sentimientos de otros. Resolución de conflictos: Las tramas a menudo presentan problemas que los personajes deben resolver, enseñando a los niños a pensar en soluciones creativas. Cultura y sociedad: Las obras pueden explorar diferentes culturas y temas sociales, ampliando la visión del mundo de los niños. Expresión emocional: El teatro permite a los niños experimentar y expresar sus emociones de manera segura y controlada.

En suma, el teatro infantil no es solo una actividad de ocio; es una inversión en el futuro de los niños. Al proporcionarles experiencias teatrales de calidad, estamos ayudando a formar individuos más reflexivos, creativos y comprensivos y a educar ciudadanos con criterio. Sin embargo, para que el teatro infantil sea efectivo, hay que velar por su alta calidad, no debe ser entendido como un espectáculo menor, pues, si me apuran, es más importante el teatro infantil que el teatro para adultos. Para que haya alta calidad, los programadores deben tener en cuenta en las compañías que se dedican a lo infantil: Profesionalismo: Las compañías de teatro deben contar con actores y personal capacitados que entiendan las necesidades y expectativas del público infantil. Estética atractiva: Los elementos visuales, como el vestuario y la escenografía, deben ser coloridos y estimulantes para captar la atención de los niños. Y contenido apropiado: Las historias deben ser adecuadas para la edad de los niños y deben transmitir mensajes positivos y constructivos.

Por eso, aplaudo la programación regular de teatro infantil por considerarla esencial; programación que debe ser una prioridad para todas las instituciones, especialmente las municipales, que tienen incidencia en la educación. Apoyar el teatro infantil es una parte esencial de la educación y el desarrollo de los niños; pues, al fomentar la programación regular de este teatro de calidad, estamos invirtiendo en una generación de jóvenes pensadores, creativos y empáticos. Por eso también las compañías que se dedican a este noble arte y a esta función con este público merecen nuestro reconocimiento y apoyo, ya que su trabajo no solo entretiene, sino que también moldea el carácter y la mente de nuestros futuros líderes y ciudadanos. ¡Viva el teatro infantil! El Teatro de Rojas viene sosteniendo desde hace tiempo una notable propuesta para los más pequeños, que no debiera quedarse en el recinto de la Plaza Mayor y habría que trabajar para tener presencia en salas de los barrios, con el Polígono o Valparaíso, por ejemplo. Mi deseo cívico en este asunto es que los presupuestos municipales para el año 2024 vean crecer la partida dedicada a esta gestión y que los programadores dejen de calentar el burocrático sillón y contraten con trabajo, visión y el adecuado asesoramiento pedagógico, para ofrecer lo mejor a quienes más bien puede producir: los niños y niñas de hoy y adultos de mañana.

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